domingo, 17 de junio de 2012

Domingo Personal. Aquellos locos bajitos y sus juguetes


Siguiendo con la fama  de abuela cebolleta que estoy cultivando por estos lares, el domingo personal de hoy seguro que os saca una sonrisilla a los jóvenes de mi quinta. Los que jugábamos en el huerto y nacimos con una PSP debajo del brazo. 

Uno de los primeros juguetes que recuerdo son las barriguitas. Qué bonicas eran. La mía era la Princesa Rosinda, a la que luego acompañó su amiguete de caballo azul el Príncipe Rolando. Pobreticos, pasaron conmigo por mi fase de “estos trajes no me gustan” y la de “voy a ver cómo le sienta a Rolando el pelo corto”. 


Rosinda y Rolando



NOTA: vaya tela, el Rolando cuesta 60 eurazos!! 

Después de esas vivencias peluqueriles Rolando y Rosinda llegaron a los nuevos tiempos y se iban de feria – no eran feriantes, sólo se montaban-. Al siguiente año me cayó la noria gigante y el carrusel (Reyes y cumpleaños, no os creáis). Estos dos todavía andan por casa, he investigado por internet y os sorprendería el negocio que me estoy perdiendo. Todavía estoy en shock. 

Noria y Carrusel Barriguitas

El siguiente juguete que recuerdo, sobre todo porque nunca conseguí tenerlo, era una minimáquina de coser blanca y rosa. Supongo que en aquellos días yo quería ser como mi madre y  tener una máquina como la suya. Pero no fue posible, sólo llegué a abrirla, encenderla y se rompió. Pescozón de mi madre. La cambiamos 3 veces (sin pescozones) y al final se convirtió por arte de magia en un montonazo de cajas de clicks de playmobil. Sí, siempre he sido un poco rara, hasta de pequeña. 



Ya pasamos a la Gloria más mayor, que ya no jugaba con muñecas (no tanto) y, creo que como a casi todos los niños de mi época, nos cayó el Telesketch, ese aparato del demonio con el que no conseguías hacer un arco en condiciones, pero que te permitía una tarde muy entretenida pintando TODA la pantalla. No me digáis que no lo hicisteis, mentís como bellacos. 




El último de los recuerdos de hoy son los walkie-talkies que me tocó compartir también con mi hermano, igual que el Telesketch. ¡Aquellos pequeños aparatos blancos eran increíbles! ¡Te podías ir a la casa del vecino y todavía te escuchabas! Si ahora le cuento esa historia a mis vecinos pequeños me miran con cara de “si, se llama teléfono móvil”, pero yo sé que vosotr@s me entendéis, jeje. 



Me he dejado un montón en el baúl de los recuerdos, así que espero haberos despertado vuestro yo infantil y que me contéis cuáles son los primeros juguetes que recordáis.

¡Seamos pequñ@s de nuevo por un rato! 





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